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El Psicólogo en la Red

Tengo el VIH, ¿voy a morir?

"Me perdono por no haber tratado bien a mi cuerpo en el pasado. Ahora me quiero lo suficiente para nutrirme con todo lo mejor que ofrece la vida". "Elijo pensamientos llenos de amor, armonía y paz, que generen un ambiente interno armonioso para mis células

Louise L. Hay

Un 30 de noviembre Juan ingresó en la sala de desintoxicación del Hospital del Mar de Barcelona. Eran las 10 de la mañana y puntualmente se hallaba en la puerta de acceso en espera de que procedieran a su registro, cosa habitual el primer día de ingreso. Media hora antes había consumido algo de heroína para despedirse. Ingresaba porque su relación con la droga era imposible de romper necesitando un ámbito controlado donde proceder a la desintoxicación.

María la enfermera de guardia le atendió sobre las 10:15 horas de la mañana. Pasaron a un despacho donde le hizo una serie de preguntas para rellenar el formulario de ingreso. Más tarde pasaría visita con el médico y el psicólogo del hospital.

María fue quien le presentó al resto de los pacientes, aquellos que serían "su familia" en los próximos 15 días. Algunos llevaban unos días de ingreso, otros entraron ayer mismo y uno solo, Raúl sería dado de alta al día siguiente por la mañana.

Esa era la rutina diaria de la sala de desintoxicación hospitalaria, ingresos y altas. Si se hubiera hecho una foto a Raúl el día del ingreso y se comparara con el aspecto que ahora tenía quizás se pensara que en esa sala se obraban milagros porque su aspecto era parecido a cualquier ciudadano de a pie.

Yo lo visité junto con el Dr. Pardo a eso de las 12 de la mañana. La droga que se había suministrado todavía le hacía efecto y le costaba emitir las respuestas a las preguntas que le hacíamos. Le comentamos que al día siguiente le harían una analítica completa para determinar algunos parámetros tan interesantes como el Virus de la Inmunodeficiencia adquirida. Juan insistió en no querer saber el resultado pero le dijimos que tenía todo el derecho de saberlo y nosotros la obligación de comunicárselo.

Esa era la parte que más odiaba...

"Lo siento pero tienes los anticuerpos del Sida. No te preocupes, la ciencia avanza mucho y seguro que encuentran el tratamiento adecuado. No significa que vayas a morir, sólo ya tienes algo porque luchar, por lo que cuidarte, por dejar definitivamente el mundo de la droga".

Parecía un discurso aprendido que debía repetirse una y otra vez y lo peor de todo es que de alguna manera sentía que les engañaba porque en realidad desconocía la esperanza de vida que podían tener aunque la profetizara, pero estaba claro que esos resultados indicaban una gran verdad: estaban infectados, tocados por la muerte ahora que habían tratado de rehacer su vida.

La parte de la sala de desintoxicación era como un primer estadio en la trayectoria de una vida. La última etapa yacía en la novena planta en unas habitaciones con el indicativo "Entrar con mascarilla" en la puerta para proteger al paciente que las habitaba de contagio por gérmenes. Si amigos, esa planta contenía un pasillo lleno de habitaciones cuyos únicos pacientes eran enfermos terminales de SIDA. Día sí, día no, limpiaban a conciencia una habitación tras haber evacuado el cadáver del sufrido infectado. En vida eran muertos pendientes de sacar su último aliento. Tras las puertas caras cadavéricas, sollozando el silencio sin más deseo que terminar con esa vida sin vida.

Cuando subíamos a visitarlos nunca sabíamos cuántos quedaban de aquellos que vimos dos días atrás. Algunos todavía no habían llegado a cumplir los 25 años y en su corta vida siempre había estado presente su adicción, gozo que finalmente le llevara a la tumba poco a poco, lamento tras lamento, como si alguien disfrutara con sus eternos e incesables suspiros.

La vida es bella cuando uno puede vivirla sin condiciones, pudiendo construir paso a paso un futuro, pero cuando no hay la posibilidad cierta de un futuro, de un volar años para adelante con la imaginación ¿deseas vivir?

Es bien cierto que nadie conoce su destino pero todavía milagros no se han logrado con el SIDA, tan solo con los años transcurridos de investigación y conocimiento de la enfermedad, se ha alargado la esperanza de vida para aquellos que la contrajeron.

Todos sabemos que la vida acaba con la muerte pero no pensamos en ella, simplemente vivimos. Aquellos enfermos de SIDA piensan a diario en su limitada vida lo cual les hace imposible el disfrute del momento actual. Y pensar que la gran mayoría se infectaron por el uso de una jeringuilla compartida...

Los análisis de Juan dieron positivo en cuanto a presencia de anticuerpos aunque todavía no se le había declarado el SIDA como tal. Su rostro al oír la noticia languideció y tras el silencio de la misma declaración, las palabras de Juan irrumpieron con profunda serenidad:

"Tardé años en cruzar la puerta de esta sala; nunca antes creía estar preparado para afrontar el reto de vivir una vida sin adicción. Ahora que lo he logrado ella misma se ha cerrado. Ya no hay vuelta atrás y lo peor es vivir la agonía de la desesperanza. No más juegos, ahora la vida me ha dado la espalda."

En aquel momento mis labios se entreabrieron dejando escapar unas palabras profundamente sentidas desde mi corazón:

"Sé, Juan que en estos momentos de confusión, de desconcierto vives tu futuro en una visión de túnel en la que sólo eres capaz de pensar en la adversidad. Sé también que pensarás que es muy fácil para mí hablar, yo que sigo "limpia" pero déjame decirte algo: Mi mejor amiga Sonia fue infectada hace un par de años al mantener relaciones sexuales con alguien que tenía el SIDA. Su primera reacción al conocer su "suerte" fue la misma que la tuya, odio y ofuscación. Cayó en una profunda depresión de la que salió con la única ayuda de sí misma y de un grupo de autoayuda al que acudió para superarlo..."

* * *

Todos tenemos el mismo destino final pero no pensamos continuamente en él porque si eso hiciéramos no disfrutaríamos del día a día. Hay que aprender a amar la vida, cada nuevo día y no perder la esperanza en un posible futuro. La vida se construye con fe y aunque parezca que sólo son los investigadores los que logran avances, nosotros la población afectada también ponemos nuestro grano de arena con nuestras creencias.

Muchas enfermedades físicas se han llegado a desarrollar psíquicamente, con nuestros pensamientos negativos. Quizás almacenando pensamientos positivos de fe y esperanza logremos parar el desarrollo de la enfermedad en nuestro interior.

¡Lucha por vencer el SIDA! ¡Infórmate! ¡Atrévete a penetrar en su territorio sin temor!
 ¡No te rindas: Elige disfrutar de la vida!. 

 

 

© Gloria Marsellach Umbert - Psicólogo


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