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El Psicólogo en la Red  

Aprendamos a relacionarnos con nuestro hijo adolescente

"El adolescente es un viajero que ha abandonado una localidad sin haber llegado aún a la próxima".

Anónimo

La función de padres cuando nuestros hijos alcanzan la adolescencia es probablemente la etapa más dura en su educación. En la adolescencia, ellos muestran ya una personalidad propia, son capaces de criticar algunas de nuestras acciones, a menudo de forma constructiva, y quizás esto nos saca todavía más de quicio.
Ha quedado atrás la época en la que podíamos decirles simplemente "haz esto porque lo digo yo" para pasar a justificarles cualquier petición solicitada.

Dejan de ser nuestros amados hijos para convertirse, reconozcámoslos, en aquellos odiosos hijos. No se trata de que presenten problemas de conducta, de adicciones, antisociales, etc... para que los consideremos así, simplemente se muestran con actitudes adolescentes y eso provoca nuestra irritación. Y aquí entra la confusión porque ese sentimiento interno a menudo sentido hacia nuestros hijos nos provoca culpa por no considerarlos los mejores del mundo, por criticarlos e inclusive nos llegamos a cuestionar si los hemos o no educado bien. Llevamos años con ellos, cuidándolos, mimándolos y ahora así nos lo agradecen, a menudo pensamos. Ocurre lo mismo con nuestros esposos, aquellos a los que al inicio de la relación adorábamos porque también ellos nos cuidaban de forma romántica mientras que el paso de los años ha motivado un enfriamiento de la relación y un contacto más acostumbrado.

El padre vive mejor al adolescente, la madre es la que llega a preocuparse más, a cuestionarse más las cosas, a culparse, a sentir el abandono, en definitiva a sentir que ya no la necesitan como antes. Esta emoción llega junto con la madurez, etapa que tan mal llevamos las mujeres, y una y otra cosa se entremezclan para lograr un cóctel de infelicidad. Para que este combinado acabe tan mal tenemos que tener un buen repertorio de pensamientos negativos e irracionales que todavía no hemos aprendido a racionalizar junto con las famosas creencias irracionales que tanto marcan la existencia del ser humano que propulsó Albert Ellis y ya hemos mencionado en otros artículos.

Con esta forma de pensar es difícil que puedan abordar eficazmente los problemas que se les puedan presentar con sus hijos adolescentes, problemas que muchas veces sólo están en la mente de estos padres.
Si usted se siente furioso, abatido, angustiado, tiende a responder de forma impulsiva a las situaciones conflictivas que se le puedan presentar. Ciertas emociones aparecen en el individuo como consecuencia de formas erróneas de evaluar los acontecimientos conflictivos, es decir, están presentes patrones de pensamientos irracionales. Un objetivo importante para mejorar la relación con nuestros hijos adolescentes será precisamente identificar y modificar nuestras distorsiones.

Son sus propios pensamientos los que crean las emociones.
Si un padre piensa que no debería ser nunca cruel con su hijo, las propias palabras "no debería ser nunca" le impiden que falle, que ejecute un error, lo cual generará un sentimiento de culpa y de auto-castigo el día que se enfade con el chico o lo trate "injustamente".

Con la adolescencia la relación con nuestros hijos tiene muchos días que no pueden considerarse agradables. A menudo tenemos que andar tras ellos para que ejecuten sus tareas escolares, apaguen el televisor, nos cuenten todo aquello que han hecho durante el día, como solían hacer antaño, se duchen a diario y un montón de etcéteras. Nos irrita esta situación porque en nuestro diálogo interno creemos que él tendría que hacer esas cosas, en vez de pensar que nos gustaría que nos contara cómo le ha ido el día, o nos gustaría que fuera más organizado con sus estudios o bien que no tuviéramos que repetirle a menudo la misma orden.

Nos enfadamos, nos irritamos, nos sentimos culpables, desdichados, tristes,... a causa de nuestro lenguaje interior en la relación con nuestro hijo adolescente.
En resumen, tiene que analizar los pensamientos que anteceden a una emoción desagradable ya que probablemente así descubrirá la causa de su malestar.

Enumeremos algunos pensamientos distorsionados en la relación con el adolescente:

  • Todo es inútil con este hijo mío.
  • Soy la única responsable de su mal comportamiento.
  • Esto sólo me ocurre a mí.
  • Soy una fracasada como madre.
  • No soy tan buena como otras madres.
  • No tengo tanta paciencia como mi hermana en su educación.

En estas frases podemos extraer las palabras que causan la distorsión provocando la emoción negativa. Esas creencias nos oprimen, nos culpabilizan, responsabilizan, ahogan, haciendo que la relación con nuestro hijo adolescente sea desdichada porque nosotros nos sentimos infelices e ineficaces. ¡Cuánta exigencia perdida!
Gran parte del sufrimiento humano es innecesario porque tiene su procedencia en falsas conclusiones a las que llegamos cuando interpretamos el día a día.

 

Los pensamientos automáticos son hipótesis que tienen que comprobarse, evaluarse de manera lógica, no son verdades definitivas. Observa tus errores cognitivos, te darás cuenta que tiendes a generalizar, a catastrofizar, a verlo todo en blanco o negro, sin intermedios, a interpretar los pensamientos de otros.


Cuando reconoces un pensamiento automático, puedes preguntarte:
¿Es tan malo como parece?, ¿Podría tener otra razón distinta para comportarse de tal manera?, ¿Por qué esta conducta me hace sentir tan mal?,...

Algunas ayudas en la modificación de tu lenguaje interno:

Sustituye "siempre" por "con frecuencia".
Sustituye "nunca puedo" por "antes nunca había podido".
Sustituye "debo" por "quiero".
Sustituye "necesito" por "prefiero"

Recuerda que sólo siendo una persona más feliz podrás aportar el máximo al proceso evolutivo, de madurez de tu hijo adolescente, al mismo tiempo que le enseñarás a pensar de forma más racional y con ello también será un adulto feliz y pleno.

 

© Gloria Marsellach Umbert - Psicólogo


KamePG Design - Ultima actualización el 1 de Mayo del 2003

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