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"Quien
más persuade es quien menos interés tiene en hacerlo". |
EL ARTE DE COMUNICAR BIEN
Persuadir consiste en conseguir que otras personas acepten nuestro punto de vista de
manera voluntaria. A lo largo de nuestra vida nos "influenciamos"
de manera continuada, pero sólo algunas veces nos "persuadimos". La diferencia entre
los dos términos está en la voluntad aplicada.
Influimos sin querer, con nuestro comportamiento, por las envidias que
suscitan las cosas que poseemos, por como somos, etc. Las personas que influencian no pretenden cambiar
las actitudes otras personas. Quien persuade sí, y por consiguiente se esfuerza en ello. No
es fácil reconocer que somos objeto de "influencia", pero sí
somos capaces de notar una acción persuasiva y eso nos inquieta. La persuasión
nos inquieta porque desvela la fragilidad de nuestras creencias y convicciones. En cambio, la influencia
llega a ser vivida como una forma más de ejercer nuestra
libertad. Pondremos unos ejemplos para dejar los términos más
claros:
- Ejemplos de influencia: las modas en el vestir
, las costumbres de nuestros superiores.
- Ejemplos de persuasión: la publicidad en general, una
charla para convencernos sobre una nueva forma de hacer un determinado
proceso,
un compañero que desea que le demos su apoyo ante un comité.
He aquí algunos conceptos básicos:
- ACTITUD: tendencia
adquirida a evaluar de una determinada manera una situación, persona o circunstancia.
- INFLUENCIA: cambio espontáneo
en las preferencias y actitudes de una persona para situarlas acordes a una persona o
grupo.
- PERSUASIÓN: intento deliberadamente
ejercido por una persona o grupo de personas para cambiar las actitudes de
otras personas.
- NEGOCIACIÓN: intercambio de
ideas o productos por el que se alcanza un acuerdo de actuación.
Veamos ahora algunos de los resultados de la acción persuasiva:
- CONVERSIÓN INAPARENTE:
la persona en una primera fase no es convencido, pero al cabo de cierto tiempo se
aparece defendiendo frente
a otras personas nuestros argumentos.
- CONFORMIDAD SIMULADA: la
persona nos da la
razón y parece estar convencido, pero en el fondo no lo está en absoluto.
- CONFORMIDAD COMPRADA: la
persona accede a
cambiar su actitud siempre y cuando reciba algún tipo de compensación
(monetaria, afectiva, prestigio o de cualquier otro tipo).
- CONVERSIÓN EPISÓDICA: por un
cierto espacio de
tiempo la persona actúa y siente como si estuviera convencido, pero
después
vuelve a aflorar su actitud inicial.
- CONVERSIÓN CONTEXTUAL: en determinadas
situaciones la persona se comporta como si estuviera convencido, y en otras situaciones se comporta como si no lo estuviera.
- CONVERSIÓN FIRME: la
persona adopta la
nueva actitud como parte estable de su manera de ser.
- FALTA DE CONVERSIÓN: la
persona
actúa de manera estable como si nuestros argumentos no le hubieran influido en absoluto.
ELEMENTOS BÁSICOS DE LA PERSUASIÓN
Los antiguos retóricos distinguían tres elementos como pilares de la persuasión:
- El ETHOS, o la bondad moral del mensaje y, por extensión, de quien actúa como fuente
de información o persuasión.
- El LOGOS, que eran los argumentos.
- El PATHOS, o las emociones que dan soporte a los argumentos.
Este antiguo enfoque no ha sido superado, pero sí
ampliado. La retórica clásica analizaba muy bien al orador pero olvidaba aspectos tan
importantes como son el receptor del mensaje, el mensaje en sí mismo, y el canal
utilizado para difundir el mensaje.
Estudios llevados a cabo en la actualidad sobre la persuasión dan una importancia crucial a la fuente de
la que parte la acción persuasiva. "La fuente debe ser creíble para que el mensaje tenga
efecto".
Un mensaje es "legítimo" cuando quien emite el mensaje está
"socialmente legitimado" para poder hacerlo, esto significa que tiene autoridad moral o institucional.
Si queremos saber si un mensaje es
legítimo podemos formularnos la pregunta: ¿Esta persona tiene autoridad para decir lo
que está diciendo?. Si la respuesta es afirmativa, el mensaje es legítimo.
Un mensaje es "competente" cuando es emitido de tal manera que el receptor se ve
obligado a procesarlo y tomarlo en cuenta. La pregunta para saber si un mensaje es
competente es: ¿Por su formato, obliga a ser procesado por el receptor?.
Como ejemplo podemos decir que la
propaganda que recibimos normalmente la tiraremos sin mirarla siquiera. Pero
por el contrario si nos llega una carta con el membrete del
"Ministerio de Hacienda" nos merecerá la máxima atención.
Un mensaje es "persuasivo" si el moviliza emociones o cogniciones capaces de
transformar una actitud. La mayoría de las veces el mensaje es persuasivo pero poco competente.
Un ejemplo son los anuncios de la tele que vemos muchas veces pero que no
entendemos por lo que no le prestamos atención (baja competencia) pero
cuando por una casualidad lo hacemos, quedamos
fascinados con él y procedemos a la compra del producto. Este es un motivo por el
que los anuncios televisivos son tan reiterativos.
Un ejemplo de lo contrario: competente pero no persuasivo sería la carta del Ayuntamiento
que nos insta a pagar una nueva tasa municipal. Puede que sea poco persuasiva
(porque no nos
convencen las razones del nuevo impuesto), pero es seguro que analizaremos de manera
concienzuda los pros y los contras de pagarla.
Un mensaje es apropiado cuando por: su formato, o por quién emite el mensaje,
o por el canal escogido y
otras características, puede obtener los resultados apetecidos.
Este concepto es muy
global pues se refiere a sí en la vida real el mensaje ha logrado o no su propósito. La
pregunta clave para saber si un mensaje es apropiado sería: ¿Es o fue eficaz para
cambiar conductas?. Como es lógico, un mensaje será más apropiado cuanto más
legítimo, competente y persuasivo llegue a ser.
La persona que es buena comunicadora sabe sacrificarse él mismo como emisor de mensajes cuando detecta
que otra persona o grupo de personas pueden ser más persuasivas. Persuadir no debe
confundirse con ejercer un liderazgo carismático
Hay otras maneras de incrementar la credibilidad de la fuente:
- Aportar datos y testimonios incontestables.
- Invitar a una persona de prestigio a que refuerce la línea argumental.
- Una presentación adecuadamente de la persona que emite la información. Sobre todo interesa
destacar su imparcialidad o falta de interés para decir lo que dice a favor de una
opción determinada.
- La fuente de información más creíble es la que habla en contra de sus propios
intereses. Por lo que queda claro que la persona más creíble suele ser aquella que a pesar de
tirarse piedras sobre el tejado admite que el mejor camino a emprender es el que
está exponiendo.
Se sabe que podemos lograr una mayor persuasión combinando varios canales.
El mismo mensaje repetido por diferentes
canales activa en mayor medida la atención del receptor, sobre todo si tienen
una continuidad.
Un mensaje llegará a ser tanto más persuasivo cuanto logre mover a la persona o grupo que lo
reciba hacia:
- Sentimientos de inconsistencia de su situación actual, y necesidad de cambiar en la
dirección indicada por el mensaje.
- Sentimientos de agradecimiento hacia el emisor de los mensajes
- Sentimientos de "estar en la onda de lo que ahora mismo se lleva", y por
extensión, promover expectativas de prestigio.
- Sentimientos de oportunidad.
La longitud total de la comunicación debe ser coherente con el público a que se
destina y el interés que suponemos despertará el tema. Otro principio común es
despertar el interés del lector u oyente. Y, finalmente, que sepa concluir a tiempo sin
llegar a aburrir. Algunas veces conviene hacer explícita la conducta esperada: "A partir de
hoy debemos actuar de tal y tal manera". Otras veces es
mejor que el receptor del mensaje deduzca lo que esperamos de él.
LA PERSUASIÓN INTERPERSONAL
Si en la persuasión escrita los argumentos son el eje central del discurso,
cuando la
persuasión se efectúa cara a cara este papel central lo ocupa el tono y clima emocional.
La persuasión en la venta cara a cara está bien estudiada. Se coincide en la existencia
de un perfil de vendedor cuyos rasgos serían: extraversión, ganas de contactar con las
necesidades de las personas y cierta dosis de entusiasmo. Se puede añadir a este perfil
básico la ambición de hacer dinero y conocimientos específicos del producto que se
desea vender o promocionar.
Las normas generales para la persuasión cara a cara sería:
- Claridad en las intenciones.
- Bidireccionalidad y respuesta evaluativa.
- Ajustar la persuasión al interés de cada persona: reconversión de ideas.
- Buscar cambios de actitud y conducta estables.
La respuesta evaluativa consiste en saber estimular a la otra persona para que nos explique
sus ideas, creencias o dudas. Este tipo de respuesta tiene un rendimiento
sorprendente ya que la gente es más inteligente de lo que podemos pensar, en otras palabras, sus dudas suelen
ser razonables. Aún así el hecho mismo de darles la oportunidad para explicar estas dudas
disminuye de por sí el efecto reactancia. La persona suele estar más abierta
a un diálogo
posterior.
Respuestas evaluativas serían: "¿Cuál es tu opinión?", "Me interesa
saber lo que tú harías en estas circunstancias", "Te ruego te expreses con
entera libertad, pues a lo mejor de tus ideas podemos ampliar o modificar algún aspecto
del Proyecto."
Recursos persuasivos:
- PERSUASIÓN IDENTIFICATIVA:
La necesidad o el deseo de parecerse a un colectivo, es aprovechado para modificar
actitudes y conductas en el individuo. ("Si no los haces así estarás mal visto",
"Quién no haga esto, traiciona la sociedad", "Todo el mundo
lo hace...", "Estamos orgullosos con tus actuación").
- PERSUASIÓN NORMATIVA: Las normas
implícitas o explícitas del grupo o de la persona son las que promueven el ajuste o cambio de
actitud o conducta. ("Las normas del buen hacer obligan moralmente a...", "Las
personas con tu tipo de responsabilidad tienen la obligación de hacer
esto o lo otro...").
- PERSUASIÓN ARGUMENTATIVA: La orientación
hacia el beneficio, sea éste del tipo que sea, promueve el cambio de actitud o conducta.
("Os propongo lo siguiente...cuyos beneficios serían", "Si hacemos esto,
nuestra vida será más placentera", "El coste de no hacer
esto es superior al de hacerlo esto otro...").
Podemos enunciar varias normas generales:
- ESFUERZO DEL EMISOR: Siempre
requerirán un menor esfuerzo las estrategias persuasivas de tipo "identificativo" y
"normativo" que las de
tipo "argumentativo". Por eso existe un cierto abuso de este tipo de persuasión, con la
gran desventaja de no obtener cambios tan estables como los logrados por la vía argumentativa.
- RECEPTOR: Cuando una
persona está más cualificada, más
necesidad de persuasión argumentativa necesita. En general, se trabaja mejor cuando se sabe el
porqué de una determinada estrategia.
- TIPO DE TRABAJO: A trabajo más
cualificado, más requerimientos argumentativos. A trabajo con mayor responsabilidad,
mayor necesidad de complementarlos con mensajes ético-normativos.
- TIPO DE MENSAJE: Un
mensaje es más persuasivo cuando logra conectar directamente con el sistema de creencias de la
persona. El peor enemigo de una creencia son otras creencias de signo opuesto igualmente
sustentadas por el individuo.
Para presentar las ideas con más posibilidades de éxito deberemos
seguir lo siguiente:
- A mayor número de personas a persuadir será necesario una menor densidad de conceptos y
que éstos sena más amenos.
- Deberemos indicar como fuente de información a aquellas personas o testimonios que gocen del mejor
prestigio.
- Iniciaremos la charla con las partes más agradables o las conclusiones que deseamos
que se mantengan en la memoria de las personas.
- Deberemos lograr reacciones de asentimiento.
- Deberemos repetir los mensajes importantes o exponerlos desde
diferentes puntos de mira pero que a la vez sean confluentes.
Una gran parte de diálogos persuasivos se acaban sin que lleguemos a
tener la certeza de haber
logrado el cambio de actitud de manera estable y genuina. Este problema es inherente a la
persuasión. Podríamos decir entonces que sólo "podremos aspirar a crear un clima de bidireccionalidad
y honestidad que facilite la expresión de dudas".
Bibliografía consultada:
Manuel Couto, "Como hablar bien en público", Ed. Gestión 2000
Francesc Borrell, "Comunicar bien para dirigir mejor", Ed. Gestión 2000
Robert L. Genua, "Cuidado con lo que dice...", Ed. Gestión 2000 |