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El Psicólogo en la Red

Convivir con el niño hiperactivo

"No existe un método único que sea mejor que otro para criar a un niño hiperactivo; del mismo modo que no hay una única manera de educar. La mejor guía siempre será la que vosotros escojáis. Solo recordad que la mejor forma de  construir esa atención perdida del niño hiperactivo será reconociendo sus -mínimos aspectos positivos-. La mejor recompensa que recibirá de vosotros vuestro hijo es vuestra reacción positiva".

Con este tercer artículo sobre el déficit atencional con hiperactividad pretendemos guiar un poquito a los padres que se encuentran con el reto de comprender y a la vez ayudar a su hijo diagnosticado con Déficit atencional con hiperactividad, y, a la vez, abrir más dudas aún no dilucidadas con los anteriores artículos.
Para empezar muchos padres os pensáis que vuestro hijo podría ser uno de esos niños pero todavía no estáis seguros y el primer paso de llevarlo al médico-psiquiatra o especialista es difícil; para vosotros, os sugiero que contestéis este primer cuestionario para saber si vuestro diagnóstico podría ser acertado o, por el contrario, vuestra paciencia es bastante limitada.

Escala de valoración de la atención en la infancia

Pulse aquí para acceder a la página del cuestionario.

Os recordamos que con este cuestionario simplemente apoyamos nuestra hipótesis de que algo no va bien en el niño o niña de 6 a 16 años. A partir de este resultado hay que contactar con el pediatra o médico que lo lleve o bien con los especialistas del tema. Ellos valorarán globalmente al niño para efectuar el diagnóstico verdadero y a partir de ello poder tratar al niño. Debeis tener en cuenta que el breve cuestionario aquí incluido sólo os da pautas pero no concluye nada ni en sí mismo tiene un valor diagnóstico.>

Aclarado esto pasamos a suponer que vuestro hijo o hija ha sido diagnosticado de ADHD (déficit atencional con hiperactividad). Lo primero es obtener toda la información para ayudarlo porque no es un trastorno ocasional sino que lo acompañará a lo largo de su vida y nosotros, los padres tenemos que convivir con él. El tratamiento médico-psicológico es sumamente importante pero nosotros, su entorno familiar somos su máximo sostén y apoyo. De nosotros depende gran parte de su evolución. Una convivencia favorable facilitará su inserción y su desarrollo mientras que una convivencia negativa quebrará todavía más su interior pudiendo desencadenar otras enfermedades psicológicas.

Y en este punto quiero contaros un caso que realmente he vivido de cerca:
Alberto empezó a mostrar signos de hiperactividad cuando tenía alrededor de los tres años. Siempre lo cuidaban los abuelos porque su madre trabajaba y cuando volvía a casa apenas tenía ganas de niño. Los que le rodeaban explicaban su hiperactividad como que era un niño travieso y nervioso como su madre de pequeña pero esto no representaba nada y no necesitaban ningún psicólogo para explicar o tratar una conducta que ellos consideraban normal en los niños. Ya tendría tiempo de cambiar, decían. Yo interiormente sufría por un lado porque estaba diagnosticando algo que apenas conocía y lo hacía en la piel de alguien familiarmente cercano y, por otro lado, porque no daban el menor crédito a mi conocimiento y ellos eran quienes me impulsaron en la entrada en la universidad. Trate de buscar referencias en el pasado para determinar qué podría haber causado el trastorno, un trastorno bastante poco corriente para una estudiante de Psicología que sólo conocía lo que los libros decían. La única cosa que podía ser causa era la manera de relacionarse madre e hijo en los primeros meses de vida. Su relación era negativa por un lado por la depresión post-partum de la madre y por otro por el mal contacto que tenía con el bebé, cada vez más necesitado de un cariño que se le negaba.

Me empecé a desligar del problema porque vi que jamás me harían caso ya que levantaron fuertes defensas ante mis profecías. Pasó el tiempo y cuando Alberto contaba con 6 años e inició la escolaridad, fue allí, en la escuela, donde les alertaron que algo ocurría porque el niño se mostraba disperso y descontrolado. En definitiva, acudieron a un especialista quien les confirmó mi diagnóstico inicial y fue entonces cuando lo pusieron en tratamiento médico. Pero el tratamiento médico no era suficiente y entonces inició sesiones terapéuticas pero sólo él, con lo cual la evolución no era favorable porque el entorno familiar seguía siendo el mismo: un padre siempre ausente que trataba de llegar a casa lo más tarde posible para evitar lo problemas y una madre infantil e histérica que sólo se preocupaba por sí misma. Su relación con el niño empezó a parecer temerosa como sí tuvieran miedo de sus reacciones. El niño empezó a adquirir cierto poder en el seno familiar por incomprensión de su enfermedad pero seguía siendo infeliz porque no sabía lo que le ocurría y sus padres estaban afectivamente muy lejos de él.

Para paliar la incomprensión y el desajuste de ese núcleo familiar, decidieron tener otro bebé y ese acontecimiento alteró profundamente la ya inestable personalidad de Alberto. Los abuelos trataron de suplir el cariño que no recibía de los padres dándole todo lo que quería con la consecuencia de que el niño se volviera caprichoso.

En la actualidad cuenta 12 años y todos le toleran porque le temen y ese poder alcanzado, que en un pasado era importante para Alberto, deja de serlo actualmente cuando ya es consciente de que es un niño diferente, y que en los 6 años que ha sido medicado, tratado y cambiado de especialista sólo ha sido un problema por resolver para los padres, la escuela y sus compañeros.

Una incomprensión y falta de apoyo de su entorno inmediato han propiciado la evolución desfavorable de Alberto. Nadie tiene la culpa pero él menos que nadie.

*  *  *

En la escuela los niños hiperactivos viven un mayor reto que en su entorno familiar porque en la escuela no tienen su apoyo habitual que suelen ser los padres. En el colegio muchos profesores no suelen saber como tratarlos porque estos niños rompen los esquemas de la clase que pudieran tener pre-establecidos los maestros. A veces les regañan o les castigan porque alborotan o no prestan atención pero hay que pensar que un niño hiperactivo no sabe porqué actúa como lo hace, no tiene la intención de ser del modo que es, simplemente no puede evitarlo.

Una estrategia que puede resultar más positiva con los niños hiperactivos es aceptar que hay un problema y adaptar el aprendizaje a ese problema. Por ejemplo si se tiene que aprender algo nuevo deberá hacerse paso a paso y a pequeñas dosis porque estos niños no pueden mantener la atención tanto tiempo como el resto de niños. Hay que tener en cuenta que también se cansan más, así es que deberán de incorporarse más periodos de descanso para que el resultado final sea mejor.

Cuando enseñas a niños con ADHD hay que tener en cuenta que no pueden prestar atención a un gran abanico de conceptos, así es que en su caso debemos resaltar lo importante. Su ritmo de aprendizaje será distinto del resto del grupo pero hay que tratar al niño individualmente para evitar que el aprendizaje escolar sea la causa de problemática añadida. La escuela debe ser flexible y tratar a estos niños según las necesidades de cada uno.

El tema de los compañeros es otra fuente de problemas; los niños con ADHD son niños poco populares y normalmente rechazados por su habitual inconformismo e impaciencia. Una manera de ayudarlo es estimularlo a que siga adelante, que no se dé por vencido, que trate de entender cómo se sienten los otros niños frente a sus reacciones.

En el entorno familiar el primer problema que surge es el sentimiento de culpa que flota en cada uno de los componentes. Los padres pueden enfrentarse uno a otro por ese trastorno que presenta el niño, no comprenden las causas ni a menudo como abordarlo y piensan que el fármaco y las sesiones terapéuticas serán suficientes. Los padres tienden a ver los aspectos negativos que son las consecuencias del trastorno pero éstos se agrandan porque toman como base un niño normal y un niño con ADHD no lo es. Si en vez de esto trataran de reconocer los puntos positivos de su conducta seguro que el niño se sentiría más apoyado. Si se parte de la base de que el niño hiperactivo no atiende y no para quieto y nos fijamos en el rato que pasa quieto y atendiendo seguro que lo veremos de otra manera. Además si le reforzamos positivamente por cada rato que pasa atendiendo o quieto potenciaremos su autoestima y lo ayudaremos a desarrollarse más eficazmente. A menudo la mejor recompensa que pueden recibir es la atención de los padres.

Las buenas recompensas deberán ser:

  1. Ofrecidas con amor y cariño.
  2. Consistentes.
  3. Inmediatas.
  4. Agradables.

El entorno del niño hiperactivo debe ser evaluado y tratado porque la evolución del mismo depende de ello. Los padres tienen que poder acudir a terapia, para tratar los conflictos que se generan al tener un niño con este trastorno en la familia.

Los padres de Alberto siguen su propio camino y cada vez que pasa el tiempo se sienten más indefensos ante la enfermedad del hijo. Han formado tríada con su otro hijo pequeño dejando de lado el "gran problema", Alberto. Cada vez lo soportan menos y entre ellos dos ya no existe química posible. Han tirado por la borda su vida pero lo más triste es que han volcado a Alberto a un fracaso cantado en todos los aspectos de su vida. ¿Qué futuro más desolador le espera? Estos padres no fueron responsables de la hiperactividad de su hijo pero sí lo son de su mantenimiento y negativa evolución.

Trata de comprender a tu hijo hiperactivo y ayúdalo. Él necesita de ti a pesar de no saber decírtelo. Tu apoyo es más necesario que la medicación diaria. Preocúpate por él y no lo des por perdido.

© Gloria Marsellach Umbert - Psicólogo


KamePG Design - Ultima actualización el 25 de Junio del 2000

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