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El Psicólogo en la Red

El despertar del sexo

"Nuestros cuerpos se abalanzaron uno hacia el otro como si tuvieran vida propia o se hubieran olvidado de pedir permiso a nuestro yo, mente espiritual y… gozamos de lo que curiosamente se ha dado en llamar Sexo...".

Buscando el equilibrio

Nacemos niños o niñas y son nuestros caracteres sexuales los que condicionan esa diferencia. Hacia los dos-tres años sentimos curiosidad por esa diferenciación y acontece lo que los psicoanalistas denominan "complejo de castración"; en el caso de los niños y "envidia del pene" en el de las niñas. Resumiendo la creencia es que en ese período los varones temen perder su "colita" al compararse con las niñas y éstas últimas sienten celos de la condición masculina. Con la escolaridad se mezclan ambos sexos permitiendo así un mayor conocimiento y vinculación que parece favorecer el posterior desarrollo sexual.

De bien pequeños podemos experimentar sensaciones con nuestros órganos sexuales aunque no siempre nuestros progenitores dejan que nos extendamos en ese placer. Algunas veces esta represión vivida se traduce en angustia de algún tipo de más mayor o incluso en determinados complejos sexuales en la etapa adulta.

Sea como sea el despertar a la sexualidad es algo sano y que acontece en edades tempranas. Los padres debemos estar preparados para las preguntas de nuestros hijos o inclusive para descubrirlos en actos masturbatorios. Una reacción inadecuada podría interrumpir ese crecimiento sexual equilibrado. Un conocimiento sexual adecuado conducirá a un despertar sexual sano.

La sexualidad es una vivencia saludable ejercida a través de nuestro cuerpo que aporta energía y vitalidad a nuestro organismo y como no, una mente más sana y equilibrada.

Si nuestros órganos sexuales sólo estuvieran en nuestros cuerpos para realizar el acto sexual con la única finalidad de procrear, ¿creéis que se hubieran tomado tantas molestias en inventar el orgasmo?. Todos y cada uno de nosotros estamos preparados para sentir ese inmenso y momentáneo placer que denominamos orgasmo, lo que ocurre es que a menudo son los propios pudores y tabúes fruto de una inadecuada educación sexual los que han impedido que lo experimentemos.

Una sexualidad normal y saludable proviene de una mente despierta y abierta. Eso representa dar un sí al placer personal que se experimenta con la masturbación, dejarse llevar por nuestra propia y personal fantasía sexual y experimentar el siempre placentero sexo oral. Cuando imponemos limitaciones a esos tres puntos por simple pudor, educación o crítica estamos engañando a nuestro yo. Ese engaño suele conducir a un malestar personal que trataríamos de justificar con falsas interpretaciones y juicios.

Seamos honestos con nosotros y en nuestras relaciones sexuales y viviremos con plenitud el fenómeno "sexo" aportando equilibrio y bienestar a nuestra existencia terrenal.

© Gloria Marsellach Umbert - Psicólogo

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