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El acto masturbatorio |
Me entrevisté con la madre de Laura ahora ya hace dos años. Por aquel
entonces la niña contaba con 5 años y acababan de trasladarse a la
ciudad por motivos laborales. La niña había mostrado ya dificultades en
Preescolar, no parecía interesarse por el aprendizaje y sobretodo se
mostraba "sexualmente" curiosa. Aquel año la visitó una
psicóloga por mediación de la otra escuela y las palabras que me
refirió ésta cuando me traspasó el caso fueron las siguientes:
"Estate alerta de la dinámica familiar, algo falla y desencadena una
sexualidad anormal en la niña". Laura era una niña pecosa, rechoncha y llevaba unas grandes gafas que ocupaban gran parte de su rostro. Vestía extremadamente formal y limpia para una niña de 5 años. Curioseó a lo largo y ancho del despacho terapéutico esperando así contener con esa muestra de curiosidad algo su desbordada ansiedad. Me costó pero finalmente logré atraerla hacia los objetos de juego terapéuticos seleccionadas para esa primera sesión. Del contenido de la caja sacó una muñeca y un muñeco: los enganchaba, desenganchaba, se besaban, hacían el amor según sus propias palabras y mientras lo contaba friccionaba los cuerpos de los muñecos uno contra el otro con fuerza. La ansiedad se desbordó y pidió ir al lavabo, donde evacuó. Al volver se mostró de nuevo distraída y, antes de que terminara la sesión había acudido al servicio un par de veces más. Las siguientes sesiones repetían el mismo esquema pero cada vez con más fuerza y más apertura al diálogo conmigo. Cuando trataba de acercarme para comprender más la estructura familiar ella cambiaba de tema para no mostrar la verdad. Volví a entrevistarme con la madre varias veces y cuando le mencioné mis dudas en cuanto al referente sexual ella negó cualquier contacto con el hermano, cualquier conducta provocadora y/o exhibicionista por parte de los progenitores, o cualquier abuso por parte del padre. Todo en casa era normal y eran los profesores los que veían algo anormal en Laura porque ella sólo la veía algo nerviosa. En las últimas entrevistas me confesó haber visto a su hija tendida en el sofá muy excitada, sudorosa y tensa muchas veces; en aquel mismo sofá donde junto a su hermano veían a menudo la televisión o determinadas películas sin el control de los padres. Laura comentó que le gustaba sentir los muslos, pensar en que la tocaran, la desnudaran y un sinfín de sensaciones que poco tenían que ver con los típicos juegos de los niños de su edad. El instinto sexual existe desde el nacimiento como cualquier otro instinto. Algunas actitudes que presenta un niño con relación a su propio cuerpo podemos enmarcarlas en el ámbito de manifestaciones sexuales y como tal son sanas y perfectamente normales. Esa masturbación solitaria que practica el niño pequeño y que a menudo desconoce lo que es pero sigue practicándolo por el placer obtenido, suele asustar a los padres quienes piensan que sus hijos con ese comportamiento son unos degenerados o algo peor. Es totalmente contraproducente asustar o avergonzar al niño por esa práctica. La masturbación debe considerarse como un fenómeno normal y los padres tienen que aprender a entenderla como tal sin incriminarle al niño un sinfín de tabúes o reacciones de culpa que podrían generar en la edad adulta en una neurosis grave. La educación, la Iglesia, las ingenuas creencias y sobre todo la falta de conocimiento han derivado en un pensamiento generalizado de que la masturbación es un comportamiento indigno que debe pagarse con ir al Infierno. Ello sume al niño en un grave conflicto interno: se somete a la angustia y culpa derivada de ese feo comportamiento que tanto le place o se reprime causando tal represión verdaderos conflictos en su crecimiento emocional. Cuando descubramos al niño en acto masturbatorio debemos tranquilizarle, explicarle que ese es un comportamiento sano y natural y que, evidentemente, no es el único en el mundo que lo practica. Esa transmisión aliviará en gran parte su temor y la ansiedad que le desencadena su práctica. La masturbación infantil a menudo proviene de un estado emocional de inseguridad en un clima familiar poco agradable e incluso nocivo; es un refugio seguro donde las cosas parecen ir bien, donde el pequeño se encuentra seguro y tranquilo. Como en el caso de Laura, tratando la dinámica familiar incidimos en el conflicto sexual mostrado. Su rebeldía, su ansiedad se daban forma en los actos masturbatorios que exhibía y cuando el clima familiar se tornó seguro, la masturbación empezó a desaparecer como muestra o actitud desafiante para seguir siendo una forma sana de expresión del instinto sexual que todo humano posee.
© Gloria Marsellach Umbert - Psicólogo |
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