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El Psicólogo en la Red |
Los Abuelos y sus nietos |
La educación es ya una tarea lo bastante compleja como para además tener que repetir cuando se es ya un abuelo. Atrás quedaron los días en que cambiabas los pañales de tu bebe o lo alimentabas con tu pecho. No recuerdas demasiado bien cómo lo hiciste para sacar a tu hijo adelante, pero lo hiciste, y, además, bien. Hoy en día eres ya una queridísima abuela por parte de tus nietos, merecedora de plena confianza por parte de tu hijo o hija, quien te otorga el cuidado constante y diario de su pequeño. En los tiempos actuales que vivimos, las "mamás" dejaron de ser mamás para convertirse en ejecutivas dispuestas a arrancar el papel de "cabezas de familia" a los hombres. Las mujeres seguimos "pariendo" pero, ahora más que antes, contamos con la ayuda de otros para cuidar de nuestros bebés ya que nosotras necesitamos seguir en la brecha del poder intelectual. Por suerte, aunque no siempre lo describamos de ese modo, tenemos "abuelas" dispuestas a encargarse de nuestros pequeños mientras nosotras escalamos puestos en la jerarquía de poder. Para nuestras madres el cuidado de nuestros bebés sirve para rememorar aquellos momentos en los que todavía podíamos sentirnos útiles. Al menos, podéis pensar, para alguna cosa sirvo todavía, ya que muchas veces esta sociedad en la que vivimos parece olvidar que existimos. Yo con 36 años recién cumplidos, además de madre y padre, tengo todavía mis dos abuelas. Una tiene 88 años y la otra, 82. La más joven se pasa el año viajando con "otros jubilados" como ella. Entre viaje y viaje se encierra en su casa sin saber qué hacer. Cuando mi hermana tuvo su primer hijo, ella se encargó de su cuidado durante los 5 primeros años. Jamás se lo agradecieron y encima la responsabilizaban cuando el niño mostraba conductas poco oportunas. ¡Así es de ingrata la vida! - pensaba mi abuela. Ahora ella se divierte absorbiendo sus últimos años simplemente pensando en sí misma. Mi otra abuela, la mayor, siempre ha estado más delicada de salud y, más que cuidar a otros, requiere que la cuiden a ella a pesar de mantener intacto su nivel de comprensión y entendimiento. Recientemente me decía que se sentía en un mundo que ya no le pertenecía en el que parecía que todos habláramos un lenguaje diferente. Se sentía rechazada y a pesar de su eterno temor a la muerte, estaba cansada de verse como una carga para todos nosotros. Yo siempre he rechazado traer niños al mundo para que los cuiden otros porque pienso que la educación es responsabilidad de los padres y no de los abuelos. Mi creencia no se basa en que piense que lo harán mal sino simplemente pienso que cada cual tiene que aceptar sus responsabilidades porque tener hijos es una elección personal. Solamente he tenido un hijo porque las circunstancias no favorecieron que tuviera más, pero salvo contadas ocasiones lo crié yo del mismo modo que mi madre o mi abuela hicieron lo propio con los suyos. Si eres una persona poco exigente y no te importa cómo lo van a hacer otros, adelante, puedes encargar el cuidado de tu pequeño a sus abuelos. Cuando uno asume esa decisión tiene que asumir asimismo que no podrán haber críticas y que aceptaremos la manera en que ellos lo hagan, sea o no acertada. Estoy segura que la mayoría de mamás que traspasan el cuidado de sus niños a sus progenitores encuentran críticas a como éstos lo hacen y ahí es donde yo discrepo. Los abuelos tienen una cosa a su favor: la experiencia; aunque a veces esté olvidada sólo hay que engrasarla para recordarla de nuevo. Y una cosa en contra: suelen ser demasiado blandos porque disfrutan al máximo con ese nuevo ser y esa rica experiencia les hace perder el juicio en determinados momentos. No los culpo por ello, al contrario, culpo a quién otorga, exige y critica, es decir, a vosotros, padres que pretendéis educar y dirigir a la vez. Sé que muchos abuelos entristeceríais si no tuvierais a vuestro cargo su cuidado pero estoy segura que además a menudo os sentís inseguros con ello, y eso es principalmente debido a vuestros hijos, quienes suelen recriminaros algunos incidentes acaecidos en vuestro contacto diario con el bebé. La autoestima es algo que toda nuestra vida debemos alimentar, que no tiene un inicio y un fin ni que es estable sino que las circunstancias que vamos viviendo y como nosotros nos las explicamos, la van a ir moldeando. Habrá períodos de nuestra vida en que nos sentiremos confiados porque las cosas han ido sucediendo de forma exitosa y nuestro lenguaje interior es positivo. Habrá, por el contrario, otros períodos en los que todo parece ir en contra y nuestro valor cae por los suelos apoyándose no solo en los hechos sino también en un lenguaje interior negativo. Al llegar a la vejez nos sentimos al borde de un camino ya andado intentando absorber los últimos pasos, meditando cómo andamos los anteriores y qué sentiremos en el paso hacia la otra vida. Sentimos acercarnos la "temida" muerte, esa desconocida con la que todavía no hemos aprendido a convivir. Necesitamos más que nunca el apoyo de aquellos por los que entregamos parte de nuestra vida, es decir, nuestros hijos. Cuando ellos eran pequeños el papel principal era el nuestro y ellos eran parte del decorado; nos sentíamos viviendo nuestra vida. Ahora, llegada la vejez, hemos pasado a formar parte del decorado y muchas veces, apenas perceptible. Esos sentimientos favorecen una disminución de la autoestima y ahora necesitamos más que nunca la ayuda de nuestros hijos y nietos. Necesitamos sentirnos necesarios y amados. Sentir que podemos enseñarles algo y que ese largo camino, a veces tortuoso, ha servido al final para algo. Vosotros hijos que confiáis el cuidado de vuestros bebés a sus abuelos debeis ser conscientes del mal que podéis hacerles cuando simplemente les utilizáis sin valorar para nada su esfuerzo y su experiencia, cuando aprovecháis su melancolía para ahorraros la guardería o vuestro despido profesional. Ser madres es una experiencia enriquecedora no sólo por haber llevado a un bebé en vuestras entrañas sino por sentir su evolución paso a paso, cosa que muchas de vosotras os perdéis al manteneros en vuestros puestos de trabajo. Dejar que ellas que os alumbraron y permanecieron a vuestro lado en vuestro crecimiento sientan crecer a sus nietos porque con ello estamos satisfaciendo su calidad de vida. Dejar que se sientan madres de nuevo con total confianza porque mejor que ellas sólo podéis hacerlo vosotras mismas. Elegir bien pero atendiendo las consecuencias. Si los abuelos cuidan, la parcela de poder les pertenece. No intentemos "enseñar" ni "establecer normas" en ese cuidado porque con ello les estamos diciendo "no confiamos en vosotros" y ello también se traduce en que a vosotros no os educaron bien. En definitiva, con ese tipo de mensaje favorecemos la tristeza de un viejo quien al final de sus días se da cuenta que no ha sabido hacer nada bien en sus días de existencia. Es una larga vida de esfuerzos sin recompensa. La otra cara de la moneda son los abuelos quienes también deberán escoger porque en ellos estará la última decisión: "acepto ayudarte o no en la educación y cuidado de tu bebé". Cada cual como ser independiente con total libertad de elección tomará esa decisión como una más entre todas aquellas que la vida le fue mostrando. En esa decisión tendrán que barajarse varios aspectos: carácter de nuestro hijo-hija-nuera-yerno, tiempo del que disponemos, deseo o no de hacerlo, etc. Ahora, abuelos no os creáis en la obligación de tener que cuidar a vuestros nietos; vosotros ya tuvisteis a vuestro cargo vuestros hijos y nadie puede obligaros ahora en esta nueva etapa de la vida a que cuidéis de los nietos. No os sintáis mal si rechazáis la invitación de su cuidado. Podéis elegir y con ello no perderéis el encanto de ser abuelos y mecer en el regazo ese nuevo ser. Gloria Marsellach Umbert - Psicólogo |
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Gloria Marsellach Umbert - psico#ciudadfutura.com